Algunas reflexiones sobre Ecología y Capitalismo

Hace falta enmarcar la ecología en la lucha de clases. Bajo el capitalismo no hay desarrollo sustentable posible, ni economía sin saqueo, producción sin contaminación y ganancia sin muerte. La realidad histórica del Capital no deja lugar para salidas cosméticas, ni para campañas ecológicas que disocian la biopolítica del completo biopoder que ejerce el lucro privado sobre la biodiversidad de la biosfera. En cada vínculo humano, servicio y producto, en cada afecto mercantilizado, en cada mercancía, late completa toda la historia demoledora del Capital. En la mercancía, está representada la totalidad del ciclo de la destrucción de la energía existencial para beneficio empresario, está reflejada la dilapidación de la vida en todas sus formas como mercancía.

La única manera de frenar el colapso ecológico es disminuir el derroche de energía laboral, que “Hacen andar las ruedas de la historia”, apocalíptica del Capital. De la necesidad de producir plusvalía a partir de la vida, se desprende la malversación del resto de los recursos comunes, puestos a disposición de la ganancia empresaria. Los patrones del mundo, todos, pequeños, medianos y grandes, son una clase social vividora, que succiona la energía planetaria, a costa de perpetuarse con el exterminio de la mayoría. Menos del 5% del planeta se enriquece con el subconsumo, la represión y la muerte del 95% restante. No les importa nada el suelo y el lecho marino, los minerales y la estratosfera, el agua y el aire, el subsuelo y las especies, con tal de no extinguirse como la última clase mercantil de la prehistoria de los humanos. La burguesía son los dinosaurios de la Matrix y la multitud los mamíferos posthumanos.

Nada de este ecocidio se resuelve con parches. No basta con reciclar y disminuir el consumo. Esto no se resuelve con economía social y comercio justo. No hay espacio para la nostalgia de volver al pastoreo, el pico y la pala y la agricultura tradicional. No hay retorno premodernista posible, el salto que nos espera parte del postmodernismo y se dirige hacia el postcapitalismo, contrariamente nos encaminamos al suicidio colectivo.

El ambientalismo light no es la salida. Estamos en un Planeta-Mundo unipolar, es decir, capitalista. Por lo tanto, sin eliminar la base material de las sociedades, que se sustentan y reproducen desde la lógica mercantil, la tierra no tiene futuro. La mercancía de la vida y la vida como mercancía, es la que se interpone en el metabolismo entre la naturaleza y la sociedad. En esa devolución, no sólo está escondida toda la relación antagónica entre el Capital y el Trabajo, sino entre el desarrollo y la depredación. No se trata de retirar tal o cual mercancía enferma y contaminante que, fuera del mercado, nos devuelve a “Un mundo feliz” del sano y limpio capitalismo. No, con la mercancía pasa como con el Capital: ella misma no es una cosa, sino el soporte de un lazo social deglutidor; como el Capital no es un objeto sino una materia viva. Si en cada gota de agua está la naturaleza, en cada Mercancía está el Capital. El intercambio no se basa en la compraventa de las cosas y servicios, sino en la mediación de un vínculo humano, entre el Capital y la Multitud, intermediado por la mercancía.

El Capital resulta un proceso destructivo de la vida, para dar a luz la ganancia patronal como muerte existencial. Además de especies animales y vegetales, ríos y mares, selvas y montañas, bosques y valles, montes y glaciares; el Capital destruye sentimientos y valores, derrocha energía en todas sus formas, y consume un innecesario tiempo de vida como trabajo superfluo. Cada individuo de la multitud es apenas un esclavo, una fuente de energía de la Matrix que se alimenta cada día, con el único objeto, de seguir nutriendo a la sociedad que lo fagocita. El Capital es un sistema antropófago.

Todo el gasto improductivo del trabajo, el tiempo excedente que le ofrenda la Multitud al Capital, y todo el desperdicio de energía EcoSocial que genera el plustiempo como plusvalor; tiene como destino, que la mercancía contenga la plusvalía que de ganancia y pueda ser acumulada como nuevo Capital, o plus Capital. Con el único fin de producir más plusvalía en base a un nuevo despilfarro de energía EcoSocial para que el Capital no se desvalorice y, así, continúe expandiendo la sociedad mercantil. Cuanto más colosal es el Capital, más grande tiene que ser la puesta en funcionamiento de toda forma de vida para su reproducción. Más crece, más destruye; más recursos gasta, más precisa; más gana, más necesita. Cuanto más engorda, más es el dispendio de materia que consume. De esto se trata, llevada hasta el final, la subsunción real del planeta en el Capital: la inclusión, la subordinación, el dominio completo de la naturaleza, el hombre y la sociedad, en el Capital Global.

En el propio sentido de la reproducción del Capital, está el arcano de su imperiosa necesidad de expandirse y profundizar la colonización de toda la tierra. Es por esto, que la batalla ecológica es un combate anticapitalista. El primer derroche en el que incurre la multitude es reproducirse como mercancía, y para ello, desgasta enormes torrentes de vida, que no haría falta, si todo el ciclo de la reproducción de la vida material de la especie no tendría que atravesar por el camino indirecto de la expoliación, el comercio, el consumo, el dinero, y el lucro privado, para de esta forma continuar con vida y al servicio del Capital. Desde el puro uso para el consumo, desde el ahorro social, desde el trabajo concreto, la humanidad podría tener el triple de habitantes que el planeta alcanza para todos. En cambio, es producto de que las sociedades actuales se rigen por la ganancia, que no le alcanzaría a la raza humana tres planetas para sostener el ritmo del desarrollo del Capital.

El despliegue de tanto trabajo excedente, dispendioso, innecesario, colapsa a la naturaleza, y con ella, a la humanidad. En contraste, con el despliegue tecnológico del presente, utilizada con sentido EcoSocial, sin el Capital, se reduciría al mínimo el trabajo necesario para reproducir a la especie; prácticamente liberándonos del trabajo obligatorio, aumentando el tiempo libre de trabajo, incrementando el consumo de manera exponencial y, al mismo tiempo, se reduciría drásticamente el derroche de energía que destruye a la naturaleza con el único fin de reproducir la sociedad de la compraventa.

Desatado el Capital transforma las fuerzas productivas en destructivas, el trabajo en desperdicio de energía EcoSocial, el consumo en mercancía, la existencia en valor de uso para la ganancia privada, la naturaleza en derroche, la vida en muerte.

La sociedad, la naturaleza artificial; está unida a la supervivencia de la naturaleza no humana, o primera naturaleza. El sustrato material de la sociedad necesita metabolizarse con la naturaleza para no extinguirse. Pero para no perecer en el intento, tiene que destruir el significante imaginario de que la única manera posible de hacerlo es transformando toda la biosfera en un único negocio.

El problema no es el consumo, sino el consumo con criterio mercantil. La barbarie capitalista no se subsana con una operación lingüística, reemplazando el término consumista por “consumo responsable”. Tampoco se soluciona añorando la vuelta al arado manual, o apelando a una sociedad de pobreza digna y subconsumista de las mayorías, mientras los indignos patrones consumen y acumulan cada vez más.

Socialmente sobra riqueza, pero escasea personalmente para la mayoría de la multitud. Lo que se requiere es el reparto de los frutos de la vida, pero para ello se precisa una cosmovisión anticapitalista. No se pueden repartir los frutos en el capitalismo, porque nacen como mercancía para ser expropiados y acumulados como nuevo Capital, o sea, para no ser distribuidos socialmente. Bajo el Capital, como relación social planetaria, como sistema mercantil, como robo y malversación a escala universal de los empresarios y sus estados, antes que se empiece a producir, ya está hecho el reparto en beneficio de la ganancia privada.

La producción como mercancía sobredetermina toda la naturaleza y la sociedad. La base material de la política, como burocracia, es la gestión de la ley del valor. No se enmienda el sustitucionismo del Gerenciariado democratizando a la gerencia, sino extinguiéndola. El Gestionariado es el producto político del plusvalor social y de las utilidades del Capital garantizada por el estado. No hay Partido Único del Capital sin plusvalía. No hay mercancía sin estado, ni Nueva Clase sin Capital.

El Capital está dispuesto a exterminar buena parte de la vida en la tierra con tal de perpetuarse. Se produce en exceso porque se trabaja para el Capital. Si se trabajara exclusivamente para reproducir la vida, el tiempo de trabajo sería infinitesimal comparado al de la actualidad, y la riqueza social sería patrimonio de toda la raza humana. En cambio, se fabrica para el Capital, se produce por producir, se superproduce hasta la crisis de superproducción porque no hay a quien venderle con la matriz hegemónica de precarización laboral, excedencia y pobreza con empleo. Entonces, llega la destrucción capitalista como competencia militar para recomenzar un nuevo ciclo de ganancias hasta el próximo colapso. Debacles cada vez más brutales, pero como involucran cada vez a más habitantes del planeta convertidos en la multitud productiva, establece condiciones más propicias para alumbrar un Sistema-Mundo comunista que salve a toda la biodiversidad de la tierra. La revolución social de la multitud es la contracara de la guerra de exterminio del Capital. El porvenir de una guerra civil universal desplegada por la Tendencia Postfordista del Capital en todo el planeta.

Colectivo Nuevo Proyecto Histórico
http://colectivonph.com.ar/nph/

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *