Liberación animal: Incoherencias, límites, afirmaciones…

Asumir nuestras incoherencias nos permite trabajar para tratar de reducirlas y también a no creernos personas más puras o superiores al resto. Por otro lado, conocer nuestras limitaciones nos ayuda a no frustrarnos y a no generar frustración a nadie a quien le hayamos “vendido la moto”, tener los pies en el suelo y saber cuál es nuestra posición. Y ver las dificultades es vital para decidir las estrategias más eficaces y saber qué caminos son transitables y cuáles no.

Para tratar los puntos que acabo de mencionar hay que partir de la base de que es imposible ser 100% coherente en todo, y de que lo que nos interesa son las posibilidades que tenemos en la vida real, aquí y ahora.

Incoherencias
Las incoherencias de la liberación animal que suelen mencionarse se relacionan, generalmente, más con el veganismo que con la lucha por la liberación animal en sí. Desde dentro de esta lucha aceptamos que hay incoherencias, pero no más que en cualquier otro tipo de lucha. Igual que ser anarquista y coherente al 100% es imposible, ser veganx y coherente al 100% también es imposible, pero en ambos caso el esfuerzo por llevar una vida lo más acorde posible con tus ideas vale más que todo aquello a lo que no podemos llegar.

No es nuestra intención hacer un listado de incoherencias, porque no lo vemos útil y porque cada unx tendrá una opinión diferente, sino poner un par de ejemplos que hagan que, quien quiera, pueda reflexionar sobre esta cuestión y plantearse sus propias coherencia e incoherencias.

Sabemos, por ejemplo, que es imposible ser totalmente veganx porque la cantidad y diversidad de productos con ingredientes animales o testados en animales es infinita y desconocida; si, además, incluyes en la definición de productos no veganos aquellos en los que se han explotado humanxs, entonces se suman gran cantidad de productos no veganos.

Sin embargo, una vez hecha esta matización y asumida esta reflexión, vemos que la forma de enfocarlo no es “bueno, ya que el barniz del mueble del salón puede contener colágeno de pezuña de vaca no tiene sentido dejar de comer carne”, sino más bien preguntándonos “¿qué productos puedo evitar?”. Lo más fácil y eficaz para reducir nuestro papel en la explotación animal es evitar productos directamente relacionados con ésta (carne, pieles, lácteos, cosméticos, huevos, zoos o circos…) e ir aprendiendo y decidiendo sobre los demás. Pero en la pregunta “¿qué productos puedo evitar?” creemos que deben incluirse todos los que se puedan evitar (sin volvernos locxs, eso sí) y no sólo aquellos obtenidos directamente de la explotación animal; es decir, si te gustan las zapatillas y eres veganx y cambias de zapatillas con cada temporada de moda, por muy de plástico, goma o tela que sean tus zapatillas, 50 Nike fabricadas en China conllevan explotación animal (humana y no humana) y medioambiental. Y ahí es donde vemos una incoherencia, en el consumismo vegano, en el “todo vale” si en la lista de ingredientes no viene ningún animal o el nombre de un laboratorio famoso por su crueldad. Pensamos que es importante añadir un mensaje de “reducción del consumo” en la medida de lo posible, del “hazlo tú mismo” y del “productos locales y poco manufacturados mejor” al mensaje básico de evitar productos de origen animal.

Esto se relaciona de cerca con otra incoherencia: el desprecio que muchas veces se hace desde los ámbitos de la liberación animal al ecologismo (y viceversa, aunque nos centraremos en lo primero). Gran parte de esta desavenencia se debe a que el ecologismo antropocentrista que domina la corriente ecologista general deja mucho que desear y en ocasiones se ha posicionado abiertamente en contra de la liberación animal, como en el caso de las liberaciones de visones y el “control” de las especies exóticas. Sin embargo, un ecologismo más radical y profundo y la liberación animal pueden tener muchos frentes de lucha comunes ante la dominación humana y pueden trabajar juntos si ambos se ponen a ello. De hecho, en otros países, especialmente en EEUU, esto ya se entiende desde hace años.

A veces lxs veganxs se olvidan de la explotación de los ecosistemas y animales salvajes, cayendo en situaciones como viajar en avión todas las semanas y preocuparte sólo de que la comida que te sirvan sea vegana.

Mitos/afirmaciones
Creemos que muchas afirmaciones se hacen con demasiada facilidad, tanto de los sectores de la liberación animal, como de la gente que está en contra de dichas ideas. Se generan frases hechas que vemos simplistas o falsas, y cuando éstas vienen de nuestro lado, nos hacen perder credibilidad y decepcionar a la gente; por eso vamos a poner un par de ejemplos de este tipo de afirmaciones que se hacen en pro del veganismo:

1. “Salva el planeta, hazte vegano”. Objetivamente, la producción animal tiene una gran responsabilidad en el cambio climático, en la contaminación atmosférica, en la degradación de la tierra, del suelo y del agua, y en la reducción de la biodiversidad. Obviamente, la reducción del consumo de carne a nivel global tendría un efecto positivo en el medio ambiente, pero de ahí a pensar que sólo con hacerte vegano vas a salvar el planeta, olvidando los coches, aviones, basuras, carreteras, cultivos intensivos…, nos parece caer en una simplificación. Aún así, es interesante la siguiente página: http://www.fao.org/agriculture/lead/themes0/es/ y el texto “La larga sombra del ganado”, del mismo organismo, que se puede bajar en pdf de internet (nos aseguramos de que los datos no son “exageraciones de veganxs” porque han sido tomados por comisiones de expertos en cada ámbito, si bien hay que leerlo con capacidad crítica, ya que es un informe de la FAO).

2. “Si todo el mundo fuese vegano se acabaría con el problema del hambre”. Es cierto que, actualmente, la gran mayoría de grano producido en el mundo se dedica al alimento del ganado (p.e. el 80% de la soja del mundo se dedica a piensos) y que, por una cuestión básica de conversión energética, en cada escalón de la pirámide alimenticia se pierde el 90% de la energía. Sin embargo, es también cierto que actualmente hay comida suficiente para alimentar a todo el mundo; el hambre actual no lo causa el omnivorismo, sino el desigual reparto de la riqueza. Un mundo vegano capitalista también tendría ricos y pobres. Es verdad que el excesivo consumo de carne que se da en los países desarrollados tiene un peso importante en el reparto del grano en el mundo, pero no es la raíz del problema. Si se dejara de consumir carne en EEUU, ese 75-85% del grano no se enviaría a África; bajaría el precio de muchos alimentos, sí, pero a partir del punto en que su cultivo no fuese rentable, simplemente dejaría de producirse ese grano o se usaría para otras cosas, como biocombustibles.

3. “Ser vegano es muy fácil”. En nuestro país, ser vegano es bastante fácil, pero las posibilidades de mantener una dieta vegana variada y saludable, no son iguales para alguien que se lleva la comida a la oficina o que vive rodeado de veganxs, que para un camionero que para a comer en bares de carretera entre España y Alemania. Puede sonar a chorrada, pero si lo decimos es porque el esfuerzo de las personas por ser lo más consecuentes posibles debe tener una valoración en sí mismo, y no sólo los resultados visibles de ese esfuerzo. Cada persona es distinta y tiene condiciones diferentes, eso no justifica de ninguna manera la explotación, simplemente es algo a tener en cuenta y a valorar si se quiere entender la realidad en la que vivimos.

Límites de la liberación animal
1. El primer límite que vemos es que la explotación animal es ilimitada, y por tanto los frentes de lucha también lo son. Este tipo de luchas inabarcables e infinitas en el espacio y en el tiempo dan sensación de inutilidad y de derrota continua a lxs activistas. Por otro lado, siempre surge la duda de tratar el problema de la explotación animal desde la raíz (forma de ver a los animales y de relacionarnos con ellos) con el peligro de perdernos un poco en un ámbito más teórico o filosófico y no llegar a hacer cosas concretas, o focalizarla en un ámbito de la explotación animal y luchar contra él, pero ¿en cuál?

2. Salvo unas pocas especies que teóricamente pueden vivir en el medio natural por sí mismas, la gran mayoría de los animales liberados necesitan de un espacio dedicado a ellos en el que vivir el resto de sus vidas (algunas de 15-20 años) y de personas dedicadas a ellos y dinero invertido en comida, medicinas, cuidados… Este es un factor muy limitante a la hora del rescate/liberación de animales de los centros de explotación, e impide que pueda hacerse a gran escala con la mayoría de las especies explotadas. Este problema se debe al propio modo de explotación de los animales, a gran escala y de forma incesante: sólo en España nacen 2 millones de pollos cada día (datos oficiales del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marítimo).

3. El veganismo también tiene sus propios límites:

a. Que es imposible conocer los ingredientes/experimentación de todos los productos que nos rodean:
Como hemos dicho al principio, es imposible ser realmente veganx. Desconocemos muchos componentes de origen animal, la gran mayoría de sustancias con cierto potencial tóxico están testadas en animales: desde el aceite del coche o la pintura de nuestra habitación a los pesticidas de las frutas y verduras que comemos. La intención de investigar todas aquellas sustancias que, en algún momento han sido testadas o llevan algún ingrediente de origen animal es una tarea ardua y absolutamente estéril, aparte de que el tiempo empleado en ello es tan alto que el sentido de dicha investigación es bastante dudoso.

b. Que la gran mayoría de productos veganos que consumimos implican la muerte de animales de forma indirecta:
Todos los productos envasados con plástico, traídos de otros lugares por cualquier medio de transporte, en los que se hayan utilizado pesticidas, que hayan necesitado la transformación del ecosistema original, que hayan supuesto la extracción de recursos, el transporte de materias y la manufactura de éstas, conllevan la destrucción de los ecosistemas y, por tanto, la muerte de animales.

c. No es viable a nivel global:
En zonas áridas, ya sean cálidas o frías, el veganismo no es viable. Un esquimal o un tuareg no pueden ser veganos; eso no resta sentido ni credibilidad al veganismo, pero es un límite (tampoco en Groenlandia, con 1 habitante por cada 40 km2, parece viable el desarrollo de asambleas, y eso no las invalida como forma organizativa).

Dificultades de la liberación animal
1. Los animales no humanos no pueden participar en su propia liberación, lo que genera un movimiento en que personas que no están sufriendo dicha explotación de forma directa deciden las estrategias, prioridades, enfoques y acciones para luchar contra esa explotación; sólo nos queda confiar en la inteligencia, en la capacidad de comprender las situaciones de explotación y de establecer prioridades de lxs activistas. La parte buena de esto (mala para los animales pero buena para lxs activistas) es que hay tanto por hacer y es una lucha tan nueva, que empieces por donde empieces o te centres en lo que te centres, si lo haces bien, tendrá resultados de algún tipo.

2. Requiere un cambio de mentalidad profundo y un cambio en el estilo de vida de la gente que es difícil de aceptar. No es algo que puedas hacer un día a la semana o cuando te apetece, sino que lo que tú le estás diciendo a la gente es que reorganice sus hábitos cotidianos (alimentación, ocio, vestimenta, productos cosméticos o del hogar). En realidad no es tan complicado, pero de entrada suele provocar cierto rechazo.

La parte positiva de que la explotación animal forme parte de nuestras vidas y que en el día a día nuestras decisiones tengan un efecto tan claro sobre los animales, es que cualquier cambio en dichas acciones cotidianas y decisiones tiene efectos a corto plazo, lo que nos otorga un papel más fuerte y protagonista que en otras luchas (por ejemplo, contra los centros de internamientos de extranjerxs – CIE’s).

3. Algunas de las empresas y organismos explotadores son muy fuertes (farmacéuticas, industria cárnica o láctea…) y la lucha se convierte en David contra Goliat. Sin embargo, ha habido y sigue habiendo “pequeñas” victorias que demuestran que, con ganas e imaginación, David puede luchar contra Goliat.

4. Es un movimiento joven que ha nacido hace sólo unas décadas o que incluso está naciendo en algunos países, lo que hace que la gente desconozca por 0 completo qué ideas y principios tiene y haya que ir muy lento y desde la base. La ventaja es que podemos ir construyéndolo y que aún no está muy desvirtuado por errores del pasado.

5. Dentro del propio movimiento, como ocurre en todas las luchas, hay críticas a las distintas formas de actuación y creación de héroes y mitos.

En cuanto a las divisiones o críticas, algunas son inevitables y no hay que rasgarse las vestiduras por ello; pero el excesivo corporativismo o el seguimiento ciego a unas siglas pueden provocar ampliar distancias que, en principio, eran salvables.

Muchas veces se critica por ello a las organizaciones, pero eso también pasa con siglas que no representan a ninguna organización, como por ejemplo las siglas FLA (ALF). Estas siglas surgieron como una representación abstracta de todas las personas que, a nivel individual o en pequeños grupos, deciden desobedecer las normas impuestas en su lucha por la liberación animal; el FLA no es nada, es gente, personas anónimas detrás de acciones; el FLA son acciones. Y, a veces, sucede que se cae en la estupidez de que dar a conocer las siglas sea el objetivo prioritario, cuando el objetivo debe ser la lucha. Las siglas son sólo un instrumento que, si no sabemos utilizar, pueden separarnos de otrxs compañerxs con lxs que, sin embargo, la acción y las ideas nos unen.

En cuanto a la mitificación de personas concretas o grupos de luchas concretos, se dan algunos problemas:

a. Sentir que uno no es capaz de hacer ciertas cosas, cuando muchas de ellas están al alcance de cualquiera.
b. Sentir que uno debe hacer ciertas cosas para ser válido en la lucha, sin ver que cada persona es válida para una cosa diferente y que todas se necesitan entre sí.

c. Sentirse pequeño e insignificante al lado de estas personas y en vez de usarlas como fuerza usarlas como autoflagelación de lo cobardes que somos.

d. Centrarnos en el personaje y no en las acciones y en las ideas que hay detrás de la gente, que es lo que tiene importancia.

6. Y por último, encontramos dificultades en los propios ámbitos de lucha, en los que se menosprecia o se critica la lucha por la liberación animal como un capricho de pijxs misántropxs que tienen solucionados todos los problemas en su vida y pueden dedicarse a los animales no humanos. En estos ámbitos a veces se argumenta que “la liberación animal es una opción personal de aquellas personas a las que les preocupan los animales, pero que es una lucha parcial y secundaria que debe quedar en un plano personal para no restar tiempo ni esfuerzos a la lucha revolucionaria”.

La liberación animal no es una opción personal porque quiere y necesita ser expandida a la mayor cantidad de personas posible (de hecho la información es uno de los frentes más importantes de la liberación animal, en el que se usa un gran porcentaje del esfuerzo de lxs activistas) para ser viable. Una opción personal es aquella que no tiene efectos en los demás, pero la liberación animal es una lucha con claros efectos sobre los demás, y si no que se lo digan a un animal liberado o, en el lado contrario, a un elefante entre las rejas de un zoo.

¿Qué es una lucha parcial y secundaria? Aquella que no es importante, urgente o necesaria respecto a luchas más prioritarias o apremiantes. ¿Cuáles son? ¿La lucha anticapitalista? ¿Y eso qué es y cómo se hace? ¿No es un conglomerado de luchas menores? ¿Cómo se lucha contra todo el capitalismo a la vez, en todos sus frentes? El argumento de una lucha prioritaria invalida casi todo el resto de luchas. Por ejemplo, si nos fijamos en la situación de esclavitud, hambruna, guerras y desplazadxs en África nos parecerá una tontería que la gente pida 35 horas de trabajo semanales, igualdad de derechos entre hombre y mujeres o entre homosexuales y heterosexuales. Dando importancia a la urgencia, globalidad y efectos, probablemente el cambio climático sería el problema más apremiante. ¿Cualquier lucha que no sea contra el cambio climático carece de sentido? No.

Debe entenderse que cada unx se ve afectadx de distinta forma por aquello que le rodea y por sus circunstancias y que, en base a esto, decide sus prioridades; a veces no siempre desde la importancia, sino también desde la eficacia, la cercanía del problema o las emociones. Lo importante es que cada unx haga lo que pueda por aquello en lo que cree, sabiendo que es un grano de arena en una montaña de lodo, pero luchando por seguir siendo, al menos, ese grano de arena.

Por otro lado, en cantidad de individuos explotados y en grado de explotación, la situación de los animales no humanos es extremadamente grave; la urgencia puede medirse en millones de vidas diarias, en un sufrimiento cotidiano inimaginable. La necesidad, en su absoluta dependencia de nosotrxs, para bien y para mal. No vemos la secundariedad, los animales no humanos nos necesitan, y nos necesitan ahora.

Aún en el caso de que sea considerada una lucha secundaria frente a las enfocadas en los problemas humanos, no se pierde más tiempo en ser veganx que en comer carne: intentar reducir tu papel en la explotación animal y en tu lucha diaria dedicarte a los problemas humanos no es incompatible.

En cuanto al aspecto de no restar esfuerzo a la lucha revolucionaria, cabe preguntarse cuál es esa lucha; no vamos a entrar a definir qué es la revolución, porque creemos que es prácticamente imposible dar una definición con la que todo el mundo esté de acuerdo; sin embargo, a grandes rasgos sí puede hablarse ella como un cambio o transformación radical respecto al pasado inmediato, que se puede producir simultáneamente en distintos ámbitos (social, económico, cultural, religioso, etc.).

Sin embargo, a pesar de que es un cambio dramático respecto a la situación dada hasta el momento, un evento revolucionario es siempre consecuencia de un proceso más largo, tanto individual como colectivo.

A nivel individual lxs revolucionarixs han tenido que plantearse los valores y esquemas con los que han crecido y de los que se ven rodeadxs. Han tenido que hacer una lucha interior para conocer y derrocar, o al menos intentarlo día a día, al policía, al opresor que hay en sus cabezas. La sublevación se lleva a cabo en el día a día y en acciones cotidianas; obviamente, para producir un cambio social esas personas deben juntarse y construir unas relaciones interpersonales de lucha, pero sin un cambio personal nunca se producirá una revolución social.

Convirtamos, en la medida de lo posible, nuestras vidas y relaciones personales en un mundo en miniatura de la sociedad que deseamos. La crítica constante (sin volvernos locxs), no sólo del mundo que nos rodea, sino también de nuestras ideas, pensamientos y actitudes, y la búsqueda de lo que realmente queremos, se traduce en nuestro estilo de vida. Hay que desmantelar el presente y armar el futuro, y hay que hacerlo simultáneamente, derribando los muros de la opresión y creando nuevas formas de relación, entre nosotrxs, con los demás animales y con el planeta; si no mostramos que hay alternativas y que son viables, la gente se queda con lo que tiene, y la mejor forma de mostrarlo es con nuestra actitud.

Por eso, no creemos que los estilos de vida deban quedar en un segundo plano hasta el cambio social “palpable” de reestructuración de las instituciones sociales. Sin embargo, y una vez explicado por qué consideramos importante el estilo de vida de las personas, tampoco creemos que el cambio personal vaya a tener como consecuencia la revolución el día en que sea practicado a mayor escala sin hacer nada más. Para eso hace falta una lucha y un activismo en conjunto, y ser activista es mucho más que tomar un partido, especialmente si ese partido se toma de forma silenciosa (ya que se puede usar como vía de explicar la situación de los animales).

Falta decir, que todo ese esfuerzo diario del que hablamos debe estar dentro de nuestras posibilidades y capacidades; cuando pedimos demasiado de nosotrxs mismxs nos agotamos, y cuando pedimos demasiado a lxs demás, pueden distanciarse de nosotrxs para no tener que hacer ese sobreesfuerzo, pueden quemarse o pueden sentirse inútiles e insegurxs si no llegan a lo que les pedimos.

Con esta última reflexión queremos animar a las personas preocupadas por la situación de los demás animales a que luchen por ellos sin complejos, especialmente sin complejos respecto a sus compañerxs implicados en otras luchas; que le den duro y que se sientan orgullosxs, porque los animales se merecen que lo intentemos.

Fragmento extraído del libreto La misma libertad (descargar)

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